miércoles, 18 de enero de 2017

El error es bello


Los seres humanos somos capaces de equivocarnos una y otra vez, de seguir intentándolo. Y lo que es más importante: aprender del proceso.

Gracias a nuestras inquietudes, a nuestra curiosidad, a nuestra insaciable ambición por enfrentarnos a lo imposible, lo hicimos posible. Pero, ¿cómo podríamos haberlo logrado si nos hubiéramos rendido en el primer error?

Esa cualidad de los seres humanos, hombres y mujeres, la del aprendizaje infinito, no sería posible si nadie se hubiera atrevido a plantear una nueva solución, a intentar algo diferente y a no detenerse en caso de no acertar. Y es que sin errores, no hay aciertos.

La vida está hecha de errores para cometerlos, para aprender de ellos, para que crezcamos, creamos historias sobre ellos, para descubrir quiénes somos. Las equivocaciones de nuestros personajes, decía un profesor mío de guion,  son las que hacen humanas las películas.

El error es bello.

Fueron tantos los errores que yo cometí durante el largo proceso, de puesta en escena, de producción, de rodaje, de postproducción, de márketing… ¿Y qué? La magia que destilan estos chicos y su profesora no se vio en absoluto afectada. Y ahí está el resultado. ¿Os habéis fijado que hay un drop? No. ¿Os habéis fijado que hay errores de etalonaje? No. Y en caso de que sí… ¿Y qué?

Esta vez hemos decidimos materializar la nueva aventura a la que Piratas y Libélulas nos ha traído: el error es bello.

Piratas y Libélulas, no solo trata de una nueva forma de enseñar y educar a los jóvenes, sino que fue un proceso de aprendizaje en sí mismo.

Fue el primer documental que yo dirigía y producía al mismo tiempo. Pensé que sería como un cortometraje, un poco más largo. Pero no. El proceso se alargó más de cinco años en el tiempo, lo que pudo conmigo. Perdí la conexión emocional con el proyecto.  Haber dejado pasar cinco años, que yo percibía como el gran error de mi vida, pronto se convirtió en el gran acierto, gracias a las ideas frescas que aportaron mis nuevos coproductores, Eduardo y Estefanía. Una vez más se cumple ese maravilloso dicho: todo lo que sucede conviene.

Pero desde luego ya me ha quedado claro que tratar de captar el diálogo de 20 adolescentes hablando a la vez con una sola pértiga (micrófono) es una mala idea.

La historia de Mati y la de sus chicos y chicas es la historia de la superación de los obstáculos. Obstáculos que a veces nos ponemos nosotros a nosotros mismos en una especie de autoboicot que nos impide hablar en público o relacionarnos con los demás por miedo, por pensar que no gustaremos, que los demás piensan de nosotros tal y cual. En fin.


Menos mal que los vencimos todos. Ellos sus ideas aprendidas o sentidas sobre la violencia y nosotros nuestras limitaciones técnicas y de producción. Piratas y Libélulas es un documental que no solo trata de la educación desde dentro, sino que fue un proceso de aprendizaje en sí mismo. No solo muestra una nueva forma de abordar el aprendizaje, sino que pone de manifiesto que nuestra vida es en sí misma un proceso de enseñanza. La prueba-error. Y esa es la única manera de hacerlo bien, de aprender. Por eso hemos decidido contarle al mundo esta historia, llena de belleza, llena de errores.

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